PRESENCIA DE MÉXICO EN COLOMBIA
Eric Olivares, alquimista cibernético
El Gran Eric es heredero del Gran Houdini y del Gran Fregolino. El primero, mago
ilusionista y el segundo, mago transformista -como Joan Brossa.
Es su heredero sin haberlos conocido personalmente. Es por eso que se declara
cocinero y “disoñador”, pero se engaña. El Gran Eric es proyectista y alquimista
cibernético.
Lo que él cree que son sus recetas de cocina con picantes sabores de su tierra y una
mezcla del minimalismo-sorpresa de Ferran Adrià no es otra cosa que la
multiplicación de sus experimentos imaginarios en la Sala de los Espejos.
Asistido por el Espíritu Santo Cibernético y el coro de voces angélicas surrealistas de
André Breton en sus enlaces París-México, el Gran Eric se nos aparece esta vez como
prestidigitador de ilusiones ópticas disfrazado de cheff internacional.
Utiliza la linterna mágica del jesuita Athanasius Kircher (el inventor de laberintos y
de la máquina que fabricaba el eco en el siglo XVII) y al mismo tiempo que asusta a
los infieles, Eric domestica, entre otros, sus gatos y robots tipográficos de colores,
las dimensiones, los contenidos, las formas y el discurso. Si pudiera lanzaría al
espacio caleidoscopios en lugar de satélites espía.
Actualmente hace el amor con las Matemáticas empeñado en la transmutación de la
materia inorgánica de la voz humana en el espíritu de Gutenberg, pero reencarnado
en Dadá. Ningún tecnovisionario del Masachussets Institute of Technology podía
imaginarlo.
Todo este bullir de ideas está escondido, agazapado en las obras multiformes y
sorprendentes del Gran Eric. Tienen un lenguaje y directrices únicos, paralelos entre
el arte y el diseño.
Sólo falta descubrirlo.
Mírenlas al trasluz.
Joan Costa
Barcelona, España, agosto 2006.