




La última migración es un proyecto que pretende canalizar todos los esfuerzos físicos y sentimentales que fluyen ante la pérdida de un ser querido,
hacia un acto de regeneración tanto física como simbólica. Pretende modificar la actitud mental con que se enfrenta la muerte ya que esta no
debería enfrentarse, ¿por qué no “se diluye”, confluye o disfruta?. Existe un miedo psicológico que se ha creado alrededor de la muerte, pero como
dijo Voltaire: si después de la muerte el yo desaparece ya no queda nadie para sentir miedo, y si no desaparece, no hay que temer la extinción.
La muerte no es un fracaso, ni una derrota, ni un desastre; es, por el contrario, la culminación, la meta, el destino de la vida, según Shakespeare:
la madurez lo es todo, la fruta cae de madura por su peso, con toda naturalidad.
Hoy en día hemos marginado de nuestra realidad la muerte, a tal punto que ha quedado reducida a una idea, una abstracción o en el mejor de los
casos una “noticia” que nos informa de la ausencia de un ser que hasta ayer estaba presente. Hoy la muerte acontece la mayoría de las veces
fuera de nuestra vista (al resguardo en centros hospitalarios) y la podemos entender como una migración ya que es un acto de transición que opera
entre los límites de dos realidades, la vida y su negación.
También es cierto que los cementerios en las grandes ciudades son cada vez más grandes y la mayoría están descuidados la mayor parte del año
excepto por todos los santos no obstante tenemos la incineración, una práctica al alza que permite deshacerse fácilmente del cuerpo y las cenizas.
El problema viene después cuando una urna funeraria rueda pendiente abajo por las pistas de esquí de Candanchú, un grupo de buzos de la Costa
Brava denuncia la proliferación de estas vasijas en el fondo del mar o dos niños juegan con una urna cineraria en una playa de Lloret.
Nuestra vida está llena de múltiples rituales, y sin embargo los entendemos muy poco. No sólo en cuanto a cómo se crean, sino también a cuál es el valor que tienen para nosotros. Por lo tanto, inicialmente necesitamos entender qué son los rituales. ¿Cuántas veces se celebran funerales en iglesias, o templos, sabiendo que la persona que falleció no había estado en una iglesia en 15 años?.
El ritual funerario es una práctica semiótica que opera entre los límites de la vida y la muerte. Es lo que hace posible el tránsito, es un ritual de pasaje, entre un orden y un desorden, en efecto, la muerte introduce una ruptura en el orden dinámico de la vida. El comportamiento ritual es la relación entre muertos y vivos ( entre vivos y difuntos ) y trata al difunto como si este estuviese vivo. Por esto el típico ritual de visitar el cementerio y arreglar o mantener en buen estado las tumbas sustituye el sentido tradicional de la muerte por un sentido de vida con el fin de evitar el caos, la nada, la pérdida de la vida. Al reivindicar la vida el ritual de la visita al cementerio busca restablecer el orden perdido.
Quizás seria más conveniente crear un nuevo ritual funerario que nos ayude a iniciar una nueva relación emocional y espiritual con esa persona a
partir de ese momento. Un ritual más convincente y adecuado a las necesidades actuales de la sociedad , que ayude emocionalmente a los familiares
y al mismo difunto.
Bio es un envase de tierra compactada para contener restos de incineración humana, dotado de una semilla en el interior de la tapa que le
proporciona un uso más amplio, ya que, cabe la posibilidad de contribuir en el proceso de germinación de la semilla. Este es un producto que
se podría encontrar en las floristerías y se alejaría de la tipología de productos que comercializan las funerarias. Usted podría escoger en vida el tipo
de árbol que quiere ser de mayor, entre una variedad de diez tipos de urnas con distintas semillas, y también podría buscar el sitio más adecuado.
Su familia se encargaría de depositar las cenizas en el interior de la urna y enterarla a unos 20 mm de la superficie en posición vertical, ellos regarían la
semilla durante los primeros meses y después ese sitio en medio del bosque, o al lado de un lago, seria un punto de encuentro para todos.
Los cementerios de las ciudades se convertirían en grandes jardines y los pescadores dejarían de sacar urnas de sus redes.
La gente por lo general no crea ningún vínculo
emocional con la urna, pero esto podría cambiar si entienden al conjunto ( envase y cenizas ) como una posible fuente de vida.
